El reciclaje, un derecho

La idea de reciclaje ha sido utilizada en los más diversos ámbitos de la acción humana. No es una idea nueva. ¿Quién no recuerda el uso de cartón, vidrio o envases en la obra de Picasso, Juan Gris o George Braque? ¿O los trapos para elaborar papel desde hace siglos? El uso de las sobras de comida en las zonas rurales tenía su destino asegurado. Por no hablar del cambio de uso de muchos productos una vez agotada la vigencia para la que fueron elaborados. Entonces, ¿cuál es el cambio producido en las sociedades occidentales para que el reciclaje se haya convertido en algo novedoso?

La primera razón hay que buscarla en el convencimiento de que las materias primas son finitas. Además de finitas, su extracción está produciendo el calentamiento global y sus consecuencias ya nos afectan a todos. Pero hay más razones. El funcionalismo al que se asociaba cualquier producto en la era industrial dio paso a un consumismo desaforado que, hoy por hoy, ya ha sido matizado mediante el «consumo responsable» y, más recientemente con el «consumo ético». Tanto las administraciones como la ciudadanía han empezado a dar pasos para adaptarse a este nuevo modelo de comportamiento, aunque para ello, a su vez, ha sido necesario un cambio en los objetivos de la investigación y la innovación. Y esta es otra de las razones.

En el momento actual, cualquier proceso destinado a la elaboración de un producto, sea este funcional, de entretenimiento, moda, transporte, comunicación… lleva asociado el consumo ético y está encaminado a reducir la huella de carbono. Algunos de los ejemplos más recientes los hemos podido comprobar en los estudios llevados a cabo en Rotterdam para asfaltar sus calles con plástico reciclado, e incluso, las carreteras. Tampoco se ha mostrado ajeno a esta tendencia el mundo de la moda donde el concepto chic o modernidad, alcanza al interiorismo tanto o más que a la ropa. O la elaboración de hilo sintético a partir de plástico reciclado. Cualquier objeto, casi sin excepción, tiene la posibilidad de una segunda vida gracias al reciclaje y las consecuencias de este cambio de paradigma social están todavía en sus inicios, por lo que se hace preciso profundizar en el cambio. Algunos ya empiezan a plantear el derecho al medio ambiente como un derecho de cuarta generación que las sociedades avanzadas no tardarán en incorporar a su catálogo de derechos y obligaciones de la ciudadanía.

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