De fiestas y botellas
En los últimos años lo que empezó como festivales de música de verano, grandes conciertos al aire libre, fiestas en las pequeñas y grandes ciudades se ha desestacionalizado. Hoy, la música y la fiesta se dan la mano durante todo el año. A ello, se añaden las fiestas cíclicas que desde tiempo inmemorial establece el calendario estacional anual centrado en los solsticios y los equinoccios. Entre estas, destacan en este espacio del Mediterráneo, las fiestas de las fallas, coincidentes con la apertura de la primavera, y las de San Juan, que dan paso al verano.
En todos los casos, el consumo de bebidas en grandes cantidades y en espacios concretos genera elevadas bolsas de residuos, especialmente de botellas y latas. Cada vez es mayor el consumo de este tipo de productos envasados, tanto en plástico como en vidrio. Dos residuos que tiene su particular destino en los contenedores para que puedan ser reciclados. La fiesta es un espacio de convivencia, por mucho que algunos se empeñen en lo contrario. Es también un espacio donde es posible el disfrute y también el respeto al medio ambiente y la civilidad. Es más, debe ser exigible este modelo convivencial de respeto.
Las Fallas, por seguir con el ejemplo, son una explosión de las ganas de vivir, probablemente la primera tras la reclusión invernal. En una ciudad como Valencia y muchos pueblos de la Comunidad Valenciana, sus habitantes y visitantes se lanzan a la calle a dar la bienvenida al nuevo tiempo y a la luz. Una parte de esta explosión festiva se lleva a cabo alrededor de los diferentes tipos de bebidas embotelladas que tienen su destino una vez consumidas. Las administraciones y organizaciones como Ecovidrio lo saben, y saben que las campañas de sensibilización para la recogida y el depósito de tales envases en los contenedores adecuados y básica. Por esta razón, Ecovidrio inicia de cara a cada una de las campañas de consumo masivo de botellas un proyecto de sensibilización ciudadana para continuar con algo tan básico como decirnos a cada uno de nosotros que la fiesta es disfrute, alegría, convivencia y, lo más importante, que el respeto por el medio ambiente está en cada uno nuestros actos. Algunos tan sencillos, y necesarios, como tomar una bebida envasada y depositar el envase en el lugar correspondiente. Este gesto tan básico es el inicio del proceso de reciclaje. Sin él, el resto es casi imposible. Tengámoslo en cuenta cuando consumamos la próxima bebida envasada.

